Política Nacional ¿Qué sostiene al jefe de gabinete?  El problema de que Adorni es Milei.
La historia del pendrive mágico supera en creatividad y humor a lo que podría haber imaginado un guionista de Los Simpsons. Pese a todo, el presidente le sigue agregando capítulos.
El nuevo e inconcebible episodio protagonizado por Manuel Adorni, quien es una de las máquinas más pornográficas de producción de falsedades que haya generado nuestra historia política, redunda en un impacto cuyos alcances deberían medirse con mayor detenimiento.
Al momento de leerse estas líneas puede suceder que el jefe de Gabinete haya sido echado. O presentado su renuncia con carácter indeclinable, en un rapto de mínimo decoro. O que esté más firme que nunca. O que continúen, todos, sin saber qué hacer. Imposible pronosticarlo pero, como fuere, algunos interrogantes ya carecen de retorno.
No es tan difícil separar lo principal de lo accesorio y hacer ciertas preguntas, que se agregan a las que hasta ahora dominan el escenario en torno a un esperpento capaz de parecer ficcional.
La historia del pendrive mágico, surgido de un día para otro con medio millón de dólares, tiene la inédita e increíble propiedad de no haber sido imaginada por quienes guionan Los Simpson. Nadie había logrado eso.
Y habría que ver cuántos antecedentes mundiales hay de un funcionario, el segundo en importancia de la escala gubernamental, manteniéndose en su cargo tras haber admitido que mintió al Congreso de la Nación respecto de sus declaraciones juradas de impuestos. Hizo eso, no se olvide, mientras Los Hermanos presidenciales lo aclamaban desde un palco con el coro desaforado de sus bufones parlamentarios.
La fórmula que esgrimió para excusarse, en La Nación+, fue más explícita que implícita. Dijo que durante años “arrastró” un error, con la misma cara empleada para afirmar que, de casualidad, encontró plata en el departamento del padre.
Es imposible sustraerse al festín inagotable de memes e ironías que inundan las redes, porque además hay muchos de creatividad notable.
El de Sacachispas anunciando la contratación de Mbappé y Julián Álvarez, porque se habían olvidado de contar el pendrive con criptomonedas, marcó un pico que, empero, afronta competencias de ingenio a cada rato.
Es comprensible, divertido, mordaz, incluso admirable. Sería mejor no caer en la clásica impostura de reaccionar con el apunte silvestre de que, mientras se “distrae” con esta suerte de zombi a cargo de la jefatura de Gabinete, los libertaristas continúan choreándose el país y jodiendo a los humildes.
¿Se pretendería que no existiese el contragolpe de la chispa popular, como mecanismo de respuesta frente a un sujeto que resulta prácticamente inverosímil?
Disculpen si semeja agresivo o irrespetuoso, pero es análogo al dislate de pensar el Mundial como un psicotrópico que adormece a la población en lugar de lanzarla a las calles con su conciencia de clase a flor de piel. Por favor: lo que no existe es que el mayor entretenimiento deportivo del mundo sustituya lo que la política terminará de decidir gracias a parámetros que no son una pelota, sino elementos infinitamente más complejos. Liderazgos, proyectos convincentes, internas superables (o no), luchas dialécticas y territoriales, formas de comunicar.
Otro ingrediente que rodea al fenómeno Adorni se acerca, algo más, a las incógnitas centrales.
Nadie, absolutamente nadie de manera convincente, ni en off ni en on, ni en el Gobierno ni fuera de él, acierta a responder con exactitud qué es lo que (los) lleva/llevó al sostenimiento de este mamarracho. Después, claro, están los sabelotodo que se enseñorean en redes y foros, declarándose seguros de la posta que manejan y preguntándose cómo nadie lo advierte.
¿Cuál era y es el auténtico costo político de echar a Adorni sin más ni más? ¿No hubiera sido desde el comienzo un gesto apreciable como elemental, digno, evitando que el funcionario frenara su récord de meter manos y patas durante más de tres meses, sin parar, hasta el límite de que la prensa oficialista más fanática pida su cabeza?
Reiteremos, con algún refuerzo, la lotería conjetural del caso.
¿Es el pánico a lo que pudiera confesar, en general, estando afuera? ¿Es que, al haberse amparado en lo popularmente insondable del universo cripto, deja espacio para sospechar más todavía sobre su papel en la noche del 14 de febrero del año pasado, cuando el Hermano promocionó en X el lanzamiento del token que daría impulso al escándalo $Libra? ¿Es que, precisamente, toda o la mayor parte del dinero mal habido proviene de la cripto-estafa? ¿Es que su complicidad específica ya venía desde muy atrás? ¿Es que Adorni, al margen de la “acusación de chorro” que tanto lo indigna, resulta un estúpido de dimensiones colosales y de quien no se sabe cómo reaccionará frente a nuevas revelaciones?
¿Es que parece pasmoso que no lo hayan entrenado para responder en sus apariciones públicas? ¿Es que sí lo hicieron pero derivó inútil porque, en el vivo, tropieza inevitablemente con sus mentiras sin poder redondear una oración? (de paso: ¿es cierto que el Presidente llamó al colega José del Río, en las horas previas a la entrevista, pidiéndole clemencia? ¿Habladurías?).
¿O es que los Hermanos sienten que, si entregan a Adorni, caerán ellos más tarde o más temprano? Y en tal hipótesis, ¿cuál es el sustento de creerlo hasta ese extremo? Significaría, esa obcecación, que no están seguros de la sostenibilidad del modelo que encarnan.
Caputo Toto, por empezar pero escoltado por otros miembros del gabinete, profirió una catarata interminable de insultos con destinatario falsamente difuso. Es una forma de decir para expresar que, en definitiva, los receptores son ambos Milei.
La inflación se desaceleró por segundo mes consecutivo, de acuerdo con el esquema desactualizado a que está sometido el Indec y siempre que no se tomen números completos de la canasta básica alimentaria. En particular, lechuga, papa, cebolla, galletitas, manteca, leche fresca, azúcar, yogur, queso, aceite, pan, subieron sus precios muy por arriba del índice oficial. Pero lo “técnico” es que la inflación volvió a bajar.
También descendió el riesgo-país. Y subió la calificación internacional de la deuda argentina elaborada por JP Morgan, que en teoría es el indicador más confiable de “los mercados” aunque, en rigor, sigue estando varios escalones debajo de lo necesario para acceder al crédito externo. Y, bien que provocando mucho ruido en las internas del ámbito, el Gobierno “cerró” el conflicto universitario.
Entonces, todas deberían ser buenas noticias o, de piso, se acumularon unas cuantas según su lógica de planillas. Pero suceden dos inconvenientes.
El primero es que las mayorías no perciben que esos valores se sientan en el bolsillo, por muy fuerte que permanezca el rechazo “al pasado”.
El otro consiste en que, en vez de mentarse los beneficios, hay la única matraca de hablar y mofarse acerca del tipo que, siendo un croto solicitante de espacios mediáticos en horarios marginales, juntó 200 mil dólares. ¿Cuándo? Durante el pérfido kirchnerismo. ¿En qué? En la inversión financiera de un activo que, por entonces (2013/2014), era poco menos que insólito, marginal, excéntrico.
Luego descubrió 300 mil dólares de rendimiento para, encima, haber declarado antes de asumir que el Bitcoin le parecía desconfiable porque él es “de la tropa del dólar”.
Estas pavorosas afirmaciones de Adorni le corresponden enteramente a él, si se lo considerase un idiota y/o corrupto suelto al que, por los motivos que fueren, el Gobierno mantiene/mantuvo a cualquier costa.
Pero el primer aspecto, el de cómo se ensambla “la macro” con la cotidianeidad de “la gente”, remite a que no por nada hay un terremoto en el Gobierno. ¿Gracias a Adorni y a las internas entre Montescos y Capuletos? ¿O debido que no sienten músculos fortalecidos en el rumbo del modelo?
Nada indicaría que un mero funcionario con tamañas bajezas sea un medidor de la confianza en inversiones, proyección productiva, despegue de la economía y etcéteras.
¿Desde cuándo el establishment financiero internacional, los Neoemperadores tecnológicos que reemplazan a los Estados o se asocian con ellos, y su ruta, se escandalizarían por las andanzas de un hombre gris, o en negro, puesto en funciones sólo jerárquicamente relevantes?
Es desde ahí que debiera juzgarse por qué hay semejante menesunda, tal vez.
Adorni es Milei, como los propios libertaristas propagandizaron en campaña y hasta el cansancio.
De ahí en más, que cada quien saque sus conclusiones sobre los riesgos de su futuro si, acaso, la oposición consensuara un rumbo creíble.
De no ser así, Adorni será una anécdota aunque hoy pueda parecer todo lo contrario.
Domingo, 14 de junio de 2026
|