Política Nacional Nueva Ley de Sociedades: el Gobierno busca que las empresas tengan menos controles y más poder que el Estado  Milei enviará al Senado una reforma que habilita sociedades bajo reglas extranjeras y reduce la intervención estatal.
En la Casa Rosada ya ni siquiera esconden hacia dónde quieren mover el tablero económico. Manuel Adorni anunció este viernes el envío al Congreso de la nueva Ley General de Sociedades con el formato habitual de sus posteos: dos líneas y un “Fin”. Detrás de esa comunicación breve apareció después Federico Sturzenegger para explicar el verdadero alcance de la reforma: una fuerte reducción de los controles estatales sobre las empresas y más poder para que los privados definan sus propias reglas.
El ministro de Desregulación celebró en X que el proyecto termine con lo que llamó “la tutela del Estado” sobre el sector privado.
Según explicó, la iniciativa busca pasar “de un régimen rígido y anacrónico” a otro basado en “la autonomía, la libertad y la desregulación”. Traducido al terreno concreto: menos intervención pública, menos capacidad de control y más margen de maniobra para las sociedades comerciales.
El proyecto llegará al Senado en medio de un oficialismo atravesado por internas. La idea de Milei es convertir junio en el mes de las grandes reformas y avanzar sobre un terreno sensible: quién controla a las empresas y bajo qué reglas juegan.
“El estatuto manda” Sturzenegger presentó la reforma como el paso a “la autonomía, la libertad y la desregulación”. Detrás de esa épica de Silicon Valley mezclada con manual de autoayuda empresarial, aparece una idea mucho más concreta: que la ley pese menos y que los privados puedan decidir más.
“Las normas de la ley pasan a ser supletorias: el estatuto manda”, escribió el ministro. Porque lo que plantea el Gobierno es que los acuerdos entre socios queden por encima de buena parte de las regulaciones estatales.
Un país bajo reglas extranjeras La reforma también habilita que las sociedades resuelvan conflictos bajo legislación extranjera. Delaware, Londres o Dubai aparecen como modelos admirados desde Balcarce 50.
“Si prefieren usar las reglas de Nueva York, que las usen”, admitieron cerca del proyecto. La postal parece salida de una novela de negocios globales: empresas argentinas funcionando bajo leyes extranjeras mientras la Justicia local queda mirando desde afuera.
Además, el Gobierno elimina límites sobre el objeto social de las compañías. Si una empresa no aclara a qué se dedica, podrá realizar “cualquier actividad lícita”. “Menos trabas burocráticas y más libertad para trabajar”, celebró Sturzenegger.
Empresas sin empleados y el viejo experimento libertario El paquete incluye incluso “sociedades automatizadas” manejadas por algoritmos o inteligencia artificial “sin requerir empleados para su operación ordinaria”. Empresas sin trabajadores, sin papeles y con regulación mínima: el sueño húmedo del anarco capitalismo hecho proyecto de ley.
Y otra vez, detrás del experimento, aparece Sturzenegger. El funcionario que pasó por la Alianza, el macrismo y el Banco Central en tiempos de corrida vuelve a ofrecer la misma receta envuelta en lenguaje futurista: desregulación, flexibilización y promesas de inversiones mágicas. Cambian los gobiernos, cambian los slogans, pero el libreto siempre parece el mismo.
Viernes, 29 de mayo de 2026
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